viernes, abril 01, 2011

Abajo el Moreno

Mientras Ecuador ha bajado varios presidentes en las últimas décadas, en Colombia no somos capaces de destituir, ni siquiera, a ediles corruptos (por citar instancias bajas de poder). Las conversaciones en Bogotá con los taxistas y con los ciudadanos de a pie son, todas, sobre la incapacidad de gobernar del alcalde Samuel Moreno, de la destrucción de la infraestructura que impera en la ciudad, de la inseguridad, de los robos de los políticos, de los Nule. Por fin nos identificamos en algo todos los bogotanos, el odio nos ha unido: hampones, prostitutas, yupies, paseadores de perros, conductores de bus, todos odiamos a Samuel y su legado. Ha repartido los dineros del pueblo que se han gastado en aviones privados, relojes y mansiones. Ha enriquecido a sus amigos y familiares y mientras tanto el costo de vida aumenta. El Transmilenio sigue teniendo alto costo y no hay ningún subsidio para ancianos ni estudiantes. ¡Bello partido de izquierda ese Polo Democrático! Pensando en los ciudadanos es que los roba, que los empaqueta en buses como si fueran sardinas enlatadas. Ese Polo democrático democratizó la corrupción, pegó con mocos a comunistas radicales, anapistas y liberales para sustentar la existencia política de un demagogo que ganó las elecciones por ser nieto de un dictador militar populista de mediados de siglo, este último que resultó ser más de izquierda que el mismo partido del Alcalde. Esas son las ironías de Colombia, lector extranjero. Y dicho partido, el Polo, lo sigue respaldando, al ladrón, dándole el beneficio de la duda como se lo han dado a todos los que han usado la ley para pasar por encima de los imperativos de la ética política.
Y a sus amigos ladrones les dan casa por cárcel; son juzgados por la justicia falsa que no imparte a cada quién lo que se merece sino lo que le parece, lo que le conviene. Y a un joven que le toca el culo a una transeúnte le meten los mismos años que a un parapolítico; el uno con hormonas en la cabeza y el otro con muertos en la conciencia. Son equiparables ante los ojos de nuestros jueces, esos que dejarán en libertad al hombre que devolvió a Bogotá 20 años en el tiempo.
Y ¿vamos a dejar a esta rata terminar el mandato para que se siga llenando los bolsillos? Y ¿Qué ha quedado? No hay metro, no hay ningún coliseo para supuestos eventos. Simplemente hay más Transmilenio, más huecos, y mientras el Alcalde encuentra su guaca seguirá rompiendo la ciudad, robando con su hermano. Salgamos con las cacerolas, con los cubiertos de la casa y exijamos que lo juzguen como es debido. Y que por las buenas se retire de su cargo sin derecho de esconderse en Miami. Que lo juzguen y lo metan en La Picota. Si logramos eso de algo habrá servido ese mandato.