viernes, junio 20, 2008

Informáticamente desinformados…

Soy de los que piensa que el periodismo, al igual que otros oficios, está en continua construcción. Sin embargo, noto que muchos de los directores y editores colombianos se rehúsan a que entre sus medios haya nuevas maneras de informar, más abiertas, menos esquemáticas, más participativas e incluyentes. Por el contrario se mantienen con manuales de estilo que de entrada castran cualquier posibilidad de presentar información de una manera novedosa, ingeniosa, que dé espacio para que otras personas se interesen por lo que ocurre a su alrededor. No es gratis que los adolescentes y jóvenes repudien a los medios de comunicación y les dé pereza acercarse a leer la columna de María Isabel Rueda. A ellos, al igual que a cientos de colombianos, no los identifica nada de lo que se ve en estas abominaciones mediáticas.
De ahí que el cliché aquel del abuelo sentado tomando tinto y leyendo el periódico en perfecto orden siga en el imaginario de los colombianos jóvenes. Y cuando me refiero a lenguajes y formas novedosas de presentar la información no estoy hablando de que nos creamos el cuento de que ahora somos una sociedad audiovisual y todo se nos presente en multimedias, como si fueramos tarados. Los multimedias sirven para vender apartamentos y para diseñar catálogos en línea de prepagos, para nada más. Me refiero a que escriba gente normal de lo que le pasa a la gente normal; no más recién egresados con ínfulas de literatos impregnando la información de errores gramaticales y ortográficos y que no dejan sino un tufillo a vanidad en sus historias increíbles. No más académicos que nunca han salido a las calles para ver la aplicabilidad de sus teorías. No más delfines ni políticos llenando las páginas de desinformación, haciendo proselitismo, vanagloriándose de tener el país patas arriba y de tener la solución a problemas que su misma clase ha creado y alimentado durante años.
Y es que los colombianos tenemos una peculiar manera de disimular las cosas. Todos ornamentados, llenos de maricaditas y de miedos infundados por los académicos que enmarcaron nuestra realidad en teorías del primer mundo, mandatos heredados, sistemas económicos prestados, ropa ajena, moda en desuso que los franceses ya desecharon y dejaron oliendo a pachulí europeo.
La intención de algunos medios es buena, al abrir espacios de discusión y publicación de algunas historias. ¿Pero dónde están los que no necesariamente son políticos y tienen una voz y un lenguaje que explotar y no quieren constituirse en una historia cliché que le gustó al editor o al recién egresado que pusieron a cargo de la selección de historias? A ese le recomiendo que abra un blog, que se empelote en la plaza de Bolívar, que se baje los pantalones en la Universidad Nacional (eso lo lleva a Alcalde de Bogotá en pocos años). A ese le recomiendo que no se prostituya y no se convierta en la nueva Ma Isabel Rueda, que siga trabajando, porque algún día nos cansaremos de los políticos que escriben en los medios y cerraremos las páginas de esas abominaciones. La información no existe si nadie accede a ella. Que no se nos olvide que tenemos el control, ahora tenemos que buscar la dignidad.

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